On Vacation - estuve 5 días viajando por la guajira y esta es mi experiencia
On Vacation - estuve 5 días viajando por la guajira y esta es mi experiencia

Martes 21 de Agosto del 2018

Estuve 5 días viajando por la guajira y esta es mi experiencia

Una aventura para repetir

On Vacation - Viajando por la guajira
On Vacation - Viajando por la guajira

Mi nombre es Sergio Tapia, nací en Sincelejo hace 32 años y desde muy joven soy un viajero aventurero. Amo conocer las ciudades del Caribe colombiano, pues es una zona que combina muy bien el turismo y la historia precolombina. Quizá mi mejor experiencia fue viajar a la increíble Guajira.

El reencuentro con mi mamá
Cuando realicé este viaje estaba trabajando como productor audiovisual en Bogotá y llevaba 2 años sin poder ver a mi mamá. Decidí tomar un vuelo hacia Valledupar y darle la sorpresa. Llegué a su casa, golpeé la puerta, mi mamá se acercó preguntando quién era, a lo que con voz ronca contesté “Es un domicilio”. Mi mamá se negó a abrir y yo no pude aguantar la risa, inmediatamente me reconoció y abrió la puerta. Solo el hecho de estar allí ya era una sorpresa para ella, pero cuando le dije que nos íbamos de viaje, las lágrimas de felicidad se asomaron en sus hermosos ojos.

La travesía
Viajamos 14 personas: primos, hermanos, mi mamá y yo. Nos dividimos en dos carros y salimos a las 4 de la mañana del día siguiente a mi llegada a Valledupar. Tomamos la Carretera 80 y luego la vía Albania – Maicao. A las seis y media de la mañana paramos en un delicioso restaurante de carretera. La entrada era arepa e’ huevo y el plato principal, el típico Friche (carne de chivo asada en leña), acompañado de arroz, patacón y yuca. También probamos una refrescante bebida, un tipo de chicha que no estaba fermentada, totalmente diferente a la que se toma en el resto del país.

Paramos en Maicao para hacer un buen mercado, pues nuestro destino final era una playa virgen, con infraestructura rústica y naturaleza desértica, donde solo se encuentran comidas preparadas por nativos, a ciertas horas, pero no hay supermercados, ni tiendas. Nos recomendaron visitar la mezquita de Omar Ibn Al-Jattab ubicada en el centro del municipio. Como no teníamos prisa pasamos varias horas conociendo la historia de ese increíble lugar.

Nuestra siguiente parada fue en Manaure. Allí, visitamos la mina de sal que se encuentra a pocos metros de una playa donde viven hermosos flamencos rosados, rojos y naranjas. Aunque nos hubiera gustado quedarnos un poco más con estos bellos animales, nuestro destino nos esperaba. Hacia las 11 de la mañana retomamos el viaje. Llegó el mediodía, el sol se ponía fuerte y nuestra única guía era la huella de otros carros en medio del desafiante desierto, aun así, nos dejamos llevar por la ruta en este impresionante paisaje.

¡Llegamos!

Pasadas las dos de la tarde ya estábamos desempacando, nos hospedamos en unas cabañas hechas a base de barro y Yotojoro (el corazón del cactus). En cuanto pudimos salimos a almorzar. ¡Fue un viaje larguísimo y teníamos mucha hambre! El almuerzo fue arroz con coco, pescado en guiso de zumo de coco, acompañado de ensalada y patacones (mi plato preferido). Luego fuimos al Pilón de Azúcar, una colina en forma piramidal que parecía ser muy alta. Para nuestra sorpresa solo nos tomó 20 minutos lograr subir a la punta, allí nos encontramos con un altar a la Virgen de Fátima, pues ella es quien custodia esta imponente estructura natural. Regresamos a las cabañas donde nos explicaron que después de las seis de la tarde es mejor no salir a pasear, ya que en medio de la oscuridad nos podríamos perder fácilmente.

Nos levantamos a las seis de la mañana y nos dispusimos a conocer todo el lugar. Caminamos por todo El Cabo de La Vela y aprovechamos para tomar unas fotos. En la playa había personas vendiendo arepa e’ huevo, deditos, empanadas y ensalada de frutas, perfecto para desayunar.

Una de las cosas más representativas de La Guajira son las artesanías del pueblo Wayúu, por toda la playa nos cruzamos con nativos que las vendían muy baratas y de buena calidad. La mochila más cara vale $30.000 COP y una manilla cuesta $1.000 COP.

A eso de las 10 de la mañana aprovechamos para bañarnos en el mar azul y cristalino. Al mediodía tuvimos que resguardarnos del sol, pues es muy directo, así que fuimos a las cabañas y aprovechamos para cocinar un almuerzo rápido. Salimos a caminar por la playa a las tres de la tarde y nos encontramos con un agradable lugar donde vendían deliciosos cócteles. Pasamos un rato en familia hasta que llegó la hora de ir a descansar.

Al día siguiente nos preparamos para conocer Las Dunas, un majestuoso desierto que nace en el Mar Caribe y se extiende por su orilla, dejándonos ver paisajes perfectos para una postal.

Descansamos un rato en la playa y partimos hacia El Faro, subimos hasta la punta donde pudimos admirar la inmensidad, sentíamos la brisa del mar y el sonido relajante de las olas, simplemente disfrutamos de un atardecer increíble. Parecía que el mar poco a poco se comía el sol, y el cielo se pintaba de muchos colores, definitivamente un lugar de visita obligada. A nuestro regreso a las cabañas, cenamos Ceviche de pescado y mariscos, acompañado con patacones muy delgados, estaba delicioso.

De vuelta a la realidad
Nos levantamos temprano, era hora de volver a la realidad. A las 9 de la mañana comenzamos la travesía de regreso a casa, en el camino hicimos una parada en el Parque Eólico Jepírachi. Un enorme terreno con más de 15 aerogeneradores gigantescos. Tomamos la vía Puerto Bolívar – Uribia. Al llegar a Uribia almorzamos y por última vez me sorprendió la exótica sazón de cada plato de La Guajira. Llegamos a Cuatro Vías (Un importante cruce de vías de La Guajira) y de ahí tomamos la vía Albania – Maicao de camino a finalizar una increíble aventura por La Guajira.

Después de esta experiencia simplemente puedo decir que en Colombia tenemos varios paisajes sin descubrir y que seguramente son el lugar perfecto para disfrutar de un buen descanso. Es increíble que en ocasiones tengamos los mejores planes al alcance de nuestra mano. Como dicen por ahí, “el único riesgo en Colombia es que te quieras quedar”.

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